Cómo pagar menos impuestos en una empresa de forma legal es una de las principales cuestiones que se plantea cualquier empresario cuando su negocio genera beneficios. Pagar impuestos es obligatorio, pero eso no significa necesariamente pagar más de lo que corresponde.
Una de las diferencias entre limitarse a presentar impuestos y realizar una verdadera planificación fiscal consiste precisamente en analizar, antes de que termine el ejercicio, qué mecanismos permite la normativa para reducir legalmente la carga tributaria de la empresa.
Muchas pymes llegan al cierre del ejercicio con una contabilidad que prácticamente no se ha analizado durante el año. Cuando llega el momento de presentar el Impuesto sobre Sociedades, buena parte de las decisiones que podrían haber mejorado su fiscalidad ya no pueden adoptarse.
Por eso, la planificación fiscal debe realizarse durante el ejercicio y no únicamente cuando llega el momento de presentar el Modelo 200.
En esta guía explicamos 10 estrategias legales que pueden ayudar a una empresa a pagar menos impuestos en España, siempre que se cumplan los requisitos establecidos por la normativa tributaria.
1. Revisar todos los gastos fiscalmente deducibles de la empresa
Puede parecer evidente, pero es uno de los primeros puntos que analizamos cuando revisamos la fiscalidad de una empresa.
Una sociedad puede estar pagando más Impuesto sobre Sociedades simplemente porque existen gastos relacionados con su actividad que no se están contabilizando correctamente o cuya documentación no se está gestionando adecuadamente.
Entre otros, dependiendo de la actividad y de las circunstancias concretas, pueden existir gastos relacionados con:
- salarios y Seguridad Social;
- alquileres;
- servicios profesionales;
- software y herramientas digitales;
- publicidad y marketing;
- seguros;
- suministros;
- formación profesional;
- reparaciones y mantenimiento;
- determinados gastos financieros;
- amortizaciones;
- determinados gastos de desplazamiento y viajes profesionales.
Pero existe una cuestión fundamental: que algo se haya pagado desde la cuenta bancaria de la empresa no significa automáticamente que sea fiscalmente deducible.
Como regla general, el gasto debe responder a una operación real, estar relacionado con la actividad, encontrarse correctamente contabilizado e imputado y disponer de justificación documental suficiente.
Una revisión periódica de la contabilidad permite detectar gastos omitidos, errores de clasificación y documentación pendiente antes del cierre.
2. Planificar correctamente las amortizaciones
Cuando una empresa compra determinados activos —maquinaria, equipos informáticos, instalaciones, mobiliario u otros elementos de inmovilizado— normalmente no deduce todo su coste inmediatamente.
Ese coste se va trasladando fiscalmente a diferentes ejercicios mediante la amortización.
Aquí aparece una importante herramienta de planificación.
La normativa contempla diferentes reglas y, para determinadas empresas y activos, incentivos que pueden permitir una amortización acelerada.
Por ejemplo, las entidades que cumplen los requisitos del régimen de empresas de reducida dimensión pueden, en determinados supuestos, amortizar elementos nuevos del inmovilizado aplicando el coeficiente resultante de multiplicar por dos el coeficiente lineal máximo previsto legalmente.
Esto no significa que una inversión deba realizarse simplemente para pagar menos impuestos. La inversión debe tener sentido empresarial.
Pero si la empresa necesita renovar equipos, tecnología o determinados activos, el momento de realizar la inversión y su tratamiento fiscal pueden influir considerablemente en la tributación del ejercicio.
3. Aprovechar la reserva de capitalización
La reserva de capitalización es uno de los mecanismos fiscales que conviene analizar cuando una empresa genera beneficios y fortalece sus fondos propios.
Para los períodos impositivos iniciados desde el 1 de enero de 2025, la regulación general establece una reducción del 20 % del incremento de los fondos propios, siempre que se cumplan los requisitos legales correspondientes.
Además, la normativa contempla porcentajes superiores en determinados supuestos vinculados al incremento de plantilla.
Esto permite que una empresa que reinvierte y fortalece su patrimonio pueda reducir su base imponible.
No se trata simplemente de crear una cuenta contable denominada “reserva de capitalización”. Es necesario calcular correctamente el incremento de fondos propios y cumplir las condiciones y plazos establecidos legalmente.
Por ello, es una medida que debe analizarse antes de cerrar las cuentas anuales.
4. Utilizar la reserva de nivelación cuando resulte aplicable
Las empresas que cumplen los requisitos del régimen fiscal de entidades de reducida dimensión disponen de otro instrumento especialmente interesante: la reserva de nivelación.
Con carácter general y cumpliendo los requisitos establecidos en la Ley del Impuesto sobre Sociedades, permite minorar temporalmente hasta un 10 % de la base imponible positiva, con el límite legal correspondiente.
¿Para qué sirve?
Simplificando, permite anticipar fiscalmente posibles pérdidas futuras.
Esto puede resultar especialmente interesante en empresas con resultados variables o que prevén ejercicios posteriores con una menor rentabilidad.
La reserva de nivelación no debe confundirse con la reserva de capitalización. Son incentivos diferentes y su posible utilización debe analizarse dentro del cierre fiscal de cada sociedad.
5. Compensar correctamente las pérdidas fiscales de ejercicios anteriores
Una empresa puede haber tenido pérdidas fiscales durante sus primeros años y comenzar posteriormente a obtener beneficios.
Esas pérdidas pueden convertirse en un importante activo fiscal.
Las bases imponibles negativas de ejercicios anteriores pueden compensarse con beneficios fiscales posteriores dentro de los límites establecidos por la normativa.
Con carácter general, la Ley del Impuesto sobre Sociedades establece un límite del 70 % de la base imponible previa, aunque permite en todo caso compensar bases imponibles negativas hasta 1 millón de euros, sin perjuicio de las reglas especiales aplicables a determinados contribuyentes y situaciones.
Por ejemplo:
Si una sociedad tuvo pérdidas fiscales en ejercicios anteriores y posteriormente obtiene beneficios, antes de calcular definitivamente el impuesto debe comprobarse qué bases imponibles negativas tiene pendientes y qué importe puede utilizar.
Parece sencillo, pero exige disponer de una correcta trazabilidad fiscal y contable.
Además, la Administración dispone de un plazo específico para comprobar estas bases y la empresa debe conservar la documentación necesaria para poder acreditarlas.
6. Analizar las deducciones fiscales por I+D+i
Muchas empresas asocian las deducciones por investigación, desarrollo e innovación tecnológica exclusivamente con grandes compañías tecnológicas.
Es un error.
Dependiendo de la actividad desarrollada, determinados proyectos relacionados con nuevos productos, procesos, desarrollos tecnológicos, prototipos o mejoras tecnológicas sustanciales pueden entrar dentro de los incentivos previstos en el Impuesto sobre Sociedades.
La Ley regula específicamente las deducciones por actividades de investigación y desarrollo e innovación tecnológica (I+D+i).
Por ello, cuando una empresa invierte de forma relevante en tecnología o en mejorar sus procesos, conviene analizar técnicamente si parte de esa inversión puede generar un incentivo fiscal.
La clave está en realizar correctamente la calificación del proyecto y mantener una documentación sólida que permita justificar la aplicación del incentivo ante una eventual comprobación de la Agencia Tributaria.
7. Revisar la retribución de socios y administradores
La forma en que un empresario obtiene dinero de su sociedad tiene consecuencias fiscales.
No es fiscalmente equivalente percibir:
- una nómina;
- una retribución como administrador;
- dividendos;
- determinados rendimientos derivados de operaciones entre socio y sociedad.
Por eso, una correcta planificación debe estudiar conjuntamente la fiscalidad de la sociedad y la del socio.
Además, cuando existen operaciones entre una sociedad y sus socios o administradores pueden entrar en juego las reglas sobre operaciones vinculadas, que exigen atender al valor de mercado.
La estrategia adecuada no consiste en elegir arbitrariamente la opción que aparentemente paga menos impuestos, sino en diseñar una política retributiva jurídicamente correcta, documentada y coherente con las funciones efectivamente desarrolladas.
Una mala configuración puede provocar ajustes fiscales, intereses e incluso sanciones.
8. Estudiar si una estructura holding tiene sentido
Cuando un empresario tiene varias sociedades o está preparando el crecimiento, adquisición o venta de empresas, puede ser conveniente estudiar la creación de una sociedad holding.
Una holding no es una fórmula automática para “no pagar impuestos”.
Es una estructura societaria que, cuando existe una verdadera razón empresarial y se cumplen los requisitos legales, puede mejorar la organización fiscal y patrimonial de un grupo.
Uno de los elementos más relevantes se encuentra en el artículo 21 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades.
Cuando se cumplen los requisitos establecidos —entre ellos, con carácter general, una participación mínima del 5 % y el correspondiente período de tenencia— puede resultar aplicable el régimen de exención sobre dividendos y determinadas rentas obtenidas por la transmisión de participaciones.
Con carácter general, la exención se reduce en un 5 % en concepto de gastos de gestión, lo que en la práctica determina normalmente una exención efectiva del 95 % de estas rentas.
Esto puede permitir que los beneficios generados por las sociedades operativas asciendan a la holding con una tributación muy reducida a ese nivel y que posteriormente puedan reinvertirse dentro de la estructura empresarial.
Además del componente fiscal, una estructura correctamente diseñada puede ayudar a separar actividades, inversiones y determinados riesgos empresariales.
Sin embargo, crear una holding únicamente porque “paga menos impuestos” es un planteamiento incorrecto.
Antes de constituirla hay que analizar la estructura existente, participaciones, actividad, patrimonio, objetivos empresariales y posible aplicación de los regímenes fiscales correspondientes.
9. Separar correctamente el patrimonio de la actividad empresarial
A medida que una empresa crece, también debería evolucionar su estructura societaria.
Imaginemos una sociedad que durante años ha acumulado beneficios y con ellos ha adquirido inmuebles, inversiones financieras u otros activos relevantes.
Al mismo tiempo, esa misma sociedad mantiene empleados, proveedores, clientes y todos los riesgos derivados de su actividad ordinaria.
Desde un punto de vista empresarial, puede ser conveniente analizar si tiene sentido mantener todos esos activos y riesgos dentro de una única sociedad.
En determinadas estructuras empresariales puede resultar recomendable separar:
sociedad operativa → actividad y riesgo empresarial
sociedad patrimonial → determinados activos
sociedad holding → participaciones y dirección de la estructura
Esta reorganización no debe realizarse de manera artificial ni exclusivamente con una finalidad fiscal. Las operaciones de reestructuración tienen sus propios requisitos mercantiles y tributarios.
Sin embargo, cuando existe una verdadera lógica económica, una estructura societaria adecuada puede facilitar la reinversión, la entrada de nuevos socios, una futura venta, la sucesión empresarial y la organización del patrimonio.
Por eso, planificación fiscal y planificación societaria deberían analizarse conjuntamente.
10. Realizar planificación fiscal antes de terminar el ejercicio
Esta es probablemente la estrategia más importante de todas.
Una empresa no debería descubrir cuánto va a pagar de Impuesto sobre Sociedades cuando su asesor termina de preparar el Modelo 200.
En ese momento el ejercicio ya ha terminado.
La planificación fiscal consiste precisamente en hacer lo contrario: proyectar el resultado antes del cierre.
Por ejemplo, durante el último trimestre debería poder estimarse:
Facturación prevista – gastos – amortizaciones – ajustes fiscales – bases negativas – reducciones – deducciones = estimación del resultado fiscal.
A partir de esa fotografía pueden analizarse las decisiones empresariales que todavía pueden adoptarse legalmente antes del cierre.
En algunos casos no habrá ninguna actuación que realizar. En otros, una correcta planificación puede producir una diferencia fiscal relevante.
¿Cómo pagar menos impuestos en una empresa de forma legal?
No existe un porcentaje válido para todas las empresas.
Una empresa que ya aplica correctamente todos los incentivos disponibles puede tener poco margen adicional. Otra, en cambio, puede estar desaprovechando gastos deducibles, bases imponibles negativas, amortizaciones, reducciones o una estructura societaria más adecuada.
Por eso, desconfiamos de cualquier promesa del tipo “te reducimos los impuestos un 50 %” sin haber analizado previamente la contabilidad y la situación jurídica de la empresa.
La planificación fiscal seria comienza con los números.
La diferencia entre presentar impuestos y hacer planificación fiscal
Una gestoría puede recibir las facturas del trimestre, contabilizarlas y presentar los modelos correspondientes.
Eso es gestión tributaria.
La planificación fiscal va un paso más allá.
Consiste en conocer durante el ejercicio cuánto está ganando la empresa, proyectar su resultado, revisar su estructura y anticipar las decisiones que puedan afectar legalmente a su tributación.
Por eso en Asesolab partimos de la contabilidad para construir la estrategia fiscal.
No buscamos artificios ni estructuras innecesariamente complejas. Analizamos la empresa, su resultado, sus socios y sus objetivos para determinar qué alternativas permite realmente la normativa.
¿Tu empresa está pagando más impuestos de los necesarios?
Si tu empresa obtiene beneficios y únicamente revisas su fiscalidad cuando llega el trimestre o el momento de presentar el Impuesto sobre Sociedades, probablemente estás llegando demasiado tarde para realizar una verdadera planificación.
En Asesolab analizamos la situación fiscal, contable y societaria de la empresa para identificar posibles ineficiencias y establecer una hoja de ruta fiscal para el ejercicio.
El objetivo no es dejar de pagar impuestos, sino evitar pagar más impuestos de los legalmente necesarios.
Puedes solicitar una consultoría con nuestro equipo para analizar la situación de tu empresa y estudiar qué medidas fiscales pueden resultar aplicables a tu caso.
Rafael García
Asesolab